lunes, 6 de agosto de 2012

Ejercicio 2: La casa

La luz entra por la única ventana existente al fondo de aquel gran corredor. Se puede escuchar el ruido estruendoso de las calles. Los carros afanados, vendedores ambulantes, la música de algún bar cercano. Con cada tramo que avanzo noto que la ventana se hace más grande y el sol golpea mi cara cada vez más fuerte. El corredor lleva a un balcón con un gran ventanal, mismo que desde un principio capto mi atención. Ahora puedo ver la calle cuyos ruidos penetraban el corredor, la gente se ve pequeña y agolpada. Es increíble cómo puede cambiar la perspectiva del mundo viéndolo desde arriba, es un alivio no estar allí, pienso, aquella calle aglomerada de gente, aquel denso humo que se respira en el ambiente, aquellos murmullos de burdas conversaciones que quedan en el aire. Quizá en realidad extraño eso, y trato de convencerme de que no lo necesito. No lo sé. 

Un nuevo apartamento, uno más del montón, ha sido el fruto de mi esfuerzo y mi lugar de reclusión. Observo desde mi morada en el quinceavo piso como se desenvuelve todo allí abajo. Recuerdo cuando mis piernas aun funcionaban, y yo era uno de los transeúntes que ahora solo puedo contemplar. No encuentro placer o posesión que llene mi vacio, ese que escondo tras los vidrios de mi balcón.

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